A partir de los cambios productivos de los últimos años, muchos productores medianos y pequeños no contaron con los recursos económicos ni tecnólogicos necesarios para competir exitosamente en el mercado. En consecuencia, muchos pequeños productores independientes y empresas familiares desaparecieron. Al mismo tiempo, como resultado de la crisis agrícola, se redujo significativamente el número de establecimientos industriales y comerciales afines.
En las áreas del norte y el oeste del país, se registran profundas desigualdades socioeconómicas entre los productores. Las unidades familiares de esas regiones no reciben ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades, no tienen posibilidad de capitalizarse, acceder al crédito ni a algún otro tipo de apoyo financiero. Además, en genral, no son dueños de la tierra que trabajan y ocupan los campos en calidad de intrusos u ocupantes.
Otra dificultad que enfrentan los productores extrapampeanos es su debilidad económica frente a los intermediarios, los acopiadores y las empresas manufactureras con quienes deben relacionarse para comercializar su producción. Por esta razón, la mayoría de los productores extrapampeanos se ven obligados a operar en condiciones desventajosas en materia de precios y condiciones de pagos.
Las políticas de desregulación económica puestas en marcha a partir de 1990 provoaron un fuerte debilitamiento de la capacidad del Estado para compensar las debilidades regionales y para promover inversiones en las áreas donde se generan las materias primas. La desaparición de las llamadas juntas reguladoras que establecían precios sostén que favorecían a los productores, y a la eliminación de las políticas de promoción industrial, que aumentaban el producto regional, significaron una mayor desprotección para los sectores más vulnerables de la Argentina extrapampeana.
